Líderes eclesiales de Colombia y la región se reúnen en Cali para reflexionar sobre paz, justicia y no violencia

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El Encuentro Pastoral Internacional “¿Cómo ser luz?” convocó a pastores, pastoras y organizaciones basadas en la fe para analizar el contexto de violencia en Colombia y proponer la radicalidad de la no violencia como horizonte del evangelio de la paz.

El pasado 8 de agosto en Cali, se realizó el Encuentro Pastoral Internacional “¿Cómo ser luz?”, un espacio de reflexión conjunta entre iglesias, redes pastorales y organizaciones de la sociedad civil sobre los desafíos de la construcción de paz en Colombia y América Latina, y el papel que corresponde a las comunidades de fe, de cara al momento de transición política en el país.

El encuentro fue organizado por una red de pastores en articulación con Tearfund y contó con la acogida de la Fundación Universitaria Bautista (UNIBAUTISTA), sede del evento. Por su parte el Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DiPaz) participó activamente en la reflexión, aportando su experiencia de más de una década de trabajo articulado con el sector de iglesias, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y otras organizaciones aliadas.

Un panorama regional marcado por la desigualdad y la violencia

La jornada abrió con un análisis del contexto que atraviesa a Colombia y a la región. América Latina continúa siendo una de las zonas más desiguales del planeta, con una de las mayores concentraciones de tierra rural del mundo: el 10% de los propietarios más ricos acapara hasta el 75% de las tierras agrícolas, según cifras compartidas durante el encuentro. A ello se suma la expansión del crimen organizado y las respuestas militarizadas de los gobiernos, con un aumento de los conflictos urbanos y rurales impulsados por economías ilícitas en países como Ecuador, Colombia y Brasil.

Al mismo tiempo, se subrayó que la región sigue siendo mayoritariamente cristiana, entre la mayoría católica romana y el crecimiento sostenido de comunidades evangélicas, pentecostales y personas no afiliadas. Ese contraste entre la magnitud de las violencias y el peso social de las opciones religiosas fue presentado como un llamado a la autocrítica y a la acción de las iglesias en los territorios.

Colombia: entre el conflicto y un “laboratorio de paz”

El encuentro dedicó un espacio central a la lectura del momento colombiano. Se señaló que el conflicto armado interno, de más de 60 años, ha mutado en la última década: los actores armados operan hoy bajo lógicas de gobernanza híbrida entre criminalidad, política y acción social, con intereses económicos diferenciados según el territorio —especialmente minería ilegal y cultivos de uso ilícito— y con el uso creciente de tecnología, incluido el reclutamiento de menores para el manejo de drones.

Frente a este panorama, se planteó que Colombia representa el esfuerzo de transitar más de 50 años como escenario de guerra hacia un intento de laboratorio de paz. Entre los avances mencionados durante el encuentro se destacaron el Acuerdo de Paz con las FARC-EP —con 13.609 firmantes que entregaron las armas y avances reconocidos en materia de género y tierras—, el informe de la Comisión de la Verdad, que reconoce el papel del sector de iglesias como fuente de alternativa en medio del conflicto, y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), reconocida internacionalmente por su enfoque de justicia restaurativa.

También se presentaron cifras que evidencian avances sociales del período reciente, como la reducción de la mortalidad infantil por desnutrición, pasando de 404 casos en 2022 a 160 en 2025, y el hecho de que, por primera vez en la historia del país, la generación de energía solar superó a la del carbón durante 2025.

No obstante, se advirtió sobre riesgos persistentes: el aumento en el número de firmantes de paz y personas defensoras de derechos humanos asesinadas, y cifras crecientes de reclutamiento de menores. De acuerdo con datos citados de la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (COALICO), se registraron 46 eventos de violencia que afectaron al menos a 6.451 menores de edad, en los niveles más altos de la última década.

Seguridad y paz: superar la falsa oposición

Uno de los ejes del encuentro fue la discusión sobre el falso dilema entre seguridad y construcción de paz. Se presentaron distintas posturas frente a esta relación —desde quienes las consideran irreconciliables hasta enfoques secuenciales o culturales— y se propuso avanzar hacia una comprensión de la seguridad centrada en el cuidado de la vida y de las comunidades, más allá de la militarización, el control armado o las cárceles.

En ese sentido, se planteó la necesidad de fortalecer comunidades seguras y redes efectivas de apoyo, denuncia y solidaridad, así como de incorporar el paradigma de los cuidados, que reconoce el trabajo invisible y redistribuye las tareas asociadas a sostener la vida, como aporte clave para la construcción de paz.

El encuentro cerró su reflexión bíblico-teológica proponiendo la radicalidad de la no violencia y el amor al prójimo, como criterio para evaluar las distintas lecturas del evangelio de la paz. Se advirtió sobre dos lecturas parciales frecuentes: una espiritualista e individual, centrada en la paz interior sin relación con lo político-colectivo, y otra meramente social, apoyada solo en las fuerzas humanas sin espacio para lo místico. Frente a ambas, se propuso una comprensión integral que articule la transformación personal con el compromiso estructural.

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