Con el propósito de formar líderes y lideresas capaces de incidir en sus territorios desde la ética, la participación ciudadana y el trabajo comunitario, inició el Diplomado en Construcción de Paz y Veeduría Social, una iniciativa que apuesta por fortalecer los procesos de reconciliación, justicia y acción colectiva desde las espiritualidades y las comunidades de fe.
El diplomado, que se desarrollará durante tres meses en modalidad híbrida, fue inaugurado con una sesión virtual de bienvenida en la que participaron personas inscritas de 11 departamentos de distintas regiones del país. Las y los 150 inscritos provienen de diversas iglesias, comunidades religiosas, organizaciones de base y territorios que enfrentan dinámicas de conflicto, exclusión o abandono institucional, y ven en este proceso formativo una herramienta para fortalecer su labor en la construcción de paz desde lo local.
Esta propuesta es impulsada por el Diálogo Intereclesial por la Paz (DiPaz) y la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia (IELCO), en alianza con la Escuela Luterana de Teología y el Seminario Bíblico Menonita de Colombia, y cuenta con el respaldo de ACT Iglesia Sueca, el Gobierno de Finlandia y la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA).
Durante la apertura, se compartieron reflexiones clave que enmarcaron la apuesta ética, teológica y política del diplomado. Viviana Machuca, coordinadora nacional de DiPaz, destacó que este proceso es fruto de un trabajo colectivo que reconoce el rol de las iglesias en la transformación del país, ya que “siempre hemos tenido el interés de fortalecer las capacidades de los líderes y lideresas en sus territorios para la construcción de paz”, señaló, subrayando que la veeduría social es una herramienta ética y ciudadana que se ejerce con base en el compromiso cristiano por la justicia y la verdad.
Machuca también enfatizó que los participantes son agentes clave en sus comunidades, como “referentes éticos de transparencia y puentes de diálogo que son importantes para la sociedad civil”, y recordó que la paz es una tarea colectiva, que debe construirse desde las experiencias locales. Citando a Orlando Fals Borda, invitó a los participantes a dejarse “acariciar por el conocimiento y por el sentipensar”.
Desde IELCO, Ana Mendivelso destacó el compromiso de largo aliento con la formación para la paz en Colombia, y reconoció que este diplomado representa un sueño colectivo: “Nos soñábamos una escuela de paz… y gracias a nuestras iglesias hermanas, hoy es una realidad”. Insistió en que el trabajo con las comunidades debe ser guiado por el cuidado, la escucha y el respeto, porque “no estamos allí para imponer, sino para acompañar desde nuestra fe, para que las comunidades puedan ser defendidas en sus derechos”.
Por su parte, Santiago Espitia, director del Seminario Bíblico Menonita de Colombia, compartió el legado histórico de su iglesia en procesos de educación para la paz, defensa de derechos humanos y reconciliación. Este diplomado, afirmó, es una expresión de ese compromiso que hoy se actualiza en diálogo con las realidades territoriales.
La docente Isdalia Ortega presentó la estructura metodológica del diplomado, centrado en cinco módulos que articulan enfoques teológico-contextual, jurídico, comunitario, psicosocial y de incidencia. Destacó que se trabajará con una pedagogía que combina aprendizaje basado en problemas y aprendizaje colaborativo, lo que permitirá a las y los participantes construir soluciones reales desde sus contextos: “Tienes que afrontar el mundo como es, no como te gustaría… pero debes intentar construir el que sueñas enfrentándote a la realidad”, expresó.
El diplomado contempla sesiones presenciales en Cali, Barranquilla, Turbo, Dabeiba, La Tebaida y Bogotá, y ofrece certificación del Seminario Bíblico Menonita de Colombia. Los participantes desarrollarán productos prácticos aplicables en sus comunidades, como planes de acción, iniciativas de veeduría o talleres psicosociales.
Más allá de la formación técnica, esta iniciativa busca articular el conocimiento con la experiencia, la espiritualidad con la acción, y la fe con la transformación social. Está dirigida no solo a líderes religiosos, sino también a agentes pastorales, liderazgos comunitarios y personas comprometidas con la construcción de paz que trabajan desde las comunidades de fe. Es un proceso que reconoce la diversidad religiosa, territorial y étnica como riqueza para el diálogo y el encuentro.
Como se expresó durante la sesión de bienvenida, “habrá paz si hay paz entre las religiones”, y esto solo será posible desde el reconocimiento mutuo, el diálogo profundo y el compromiso activo con la dignidad humana y la justicia social.
Por: Danna Robayo, comunicadora social para la paz


