El Cauca clama paz: reflexiones y compromisos de una Visita Diplomática y Pastoral

IMG 0225 scaled e1750285520545 El Cauca clama paz: reflexiones y compromisos de una Visita Diplomática y Pastoral

Durante los pasados 9 y 10 de junio, Popayán y el territorio de Cajibío fueron el epicentro de una significativa visita diplomática y pastoral. Este encuentro, impulsado por DiPaz y respaldado por iglesias y líderes sociales, buscó no solo reflexionar sobre las violencias imperantes, sino también «identificar esas señales de esperanza que vienen desarrollando los liderazgos e iglesias, para hacer una presencia solidaria que les abrace y reconozca sus afectaciones en el conflicto armado», como expresó Jenny Neme, enviada especial del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

La iniciativa tuvo como propósito fundamental visibilizar y reconocer las acciones, inspiradas en la fe cristiana, que transforman el dolor en esperanza y brindan alivio a las comunidades. Asimismo, se buscó compartir el testimonio público de las iglesias y su papel en los territorios frente a los desafíos actuales del país. Este espacio representó una valiosa oportunidad para que líderes nacionales y representantes internacionales hicieran presencia solidaria, amplificando el clamor por la paz en el Cauca. La agenda incluyó momentos de escucha activa de las voces territoriales, intercambios pastorales y la presentación de iniciativas de paz gestadas por las propias comunidades. 

Se prevé que, a raíz de esta visita, se elabore una carta pastoral colectiva que divulgará sus observaciones, expresiones de solidaridad y preocupaciones dirigidas a gobiernos y actores armados.

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Un lunes de diálogo y preparación en Popayán

El primer día de la visita, el 9 de junio, se concentró en Popayán. En la Iglesia Bautista, Pablo Moreno, rector de Unibautista en Cali, lideró una reflexión desde las enseñanzas bíblicas. Desde la mirada del «shalom», recordó que la relación con Dios debe reflejarse en la relación con el prójimo, pues «perdonar es una decisión individual, pero como colectivo también debemos hacerlo». En este sentido, se invitó a los presentes a reflexionar sobre el rol de las iglesias como «portadoras de paz»en la construcción de una paz que se entiende como un estado integral que debe permear todas las dimensiones de la vida.

Posteriormente, los participantes analizaron en grupos las afectaciones del conflicto y las respuestas comunitarias. Pastores y líderes compartieron testimonios sobre las restricciones a la libertad de culto, con grupos armados prohibiendo cultos nocturnos en Guachené y El Tambo, o exigiendo «impuestos de guerra» a iglesias en zonas como Barbacoas. Incluso en Popayán, se reportó vigilancia constante de actores armados en zonas vulnerables. La conclusión fue innegable: el conflicto ha impuesto severas limitaciones que debilitan el papel de las iglesias como espacios de esperanza.

La violencia en el territorio fue, igualmente, un tema central. Se denunció el reclutamiento forzado de niños y niñas, casos de violencia sexual, desplazamientos, confinamientos y asesinatos de personas perseguidas incluso en entornos urbanos. La niñez y la juventud emerge como poblaciones especialmente vulnerables, viviendo en un silencio impuesto por el miedo a las represalias. Esta realidad subraya la importancia de escuchar al territorio, pues «las soluciones vienen de las comunidades afectadas no desde afuera».

Según Víctor Collazos, líder del CIMA, enfatizó la fuerte presión territorial sobre organizaciones sociales y comunidades, al recordar que en 2024 fueron asesinados 26 líderes y 4 lideresas, y en lo corrido de 2025 ya van 16 líderes y 2 firmantes de paz, según datos facilitados por la Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca. «Cada líder asesinado es una familia, es una comunidad, es el tejido social roto, son planes de vida interrumpidos», lamentó Collazos.

A pesar de este sombrío panorama, se resaltaron las propuestas e iniciativas de paz que mitigan las violencias y brindan desarrollo a las comunidades. El Embajador de Finlandia, Antti Kaski, destacó la importancia de la visibilidad internacional para el Cauca y su firme compromiso por la paz. «Creo que este compromiso por la paz está fuerte y veo mucha esperanza», afirmó. Por su parte, Yaneth Hincapié, pastora delegada por la presidenta de Cedecol, compartió un mensaje de unidad: «la paz se logra a través del respeto y entendiendo que cada uno puede pensar diferente y todos estamos buscando la paz, trabajemos juntos para alcanzar la paz que tanto soñamos».

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Cajibío: escucha activa y la voz de las comunidades

El 10 de junio, la delegación se adentró en Cajibío, un territorio que ha resistido con valentía. Santiago Mera, secretario ejecutivo de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, presentó la historia y objetivos del ERPAZ, expuso el trabajo de su entidad en derechos humanos, ambiente, territorio, memoria y justicia. Destacó el acompañamiento a la vereda La Pedregosa, que, tras una masacre, impulsó la declaración de su territorio como «territorio de paz». Este proceso ha logrado articular la diversidad espiritual de la región en la defensa de la vida y el territorio. Un aprendizaje crucial ha sido que la construcción de paz debe enmarcarse en la justicia socioambiental, defendiendo tanto a las personas como a la biodiversidad, porque «la comunidad sigue afirmando la paz como un derecho».

En este mismo sentido, ASOCAM, la Asociación Campesina de La Pedregosa, detalló su propuesta de territorio de paz, cimentada en pilares como la memoria ancestral, interculturalidad, educación para la paz y justicia comunitaria. Resaltaron la importancia de una educación para la paz nacida de las realidades locales y el concepto de «componer la palabra» como herramienta de justicia y diálogo, incluso con actores armados, en contextos de abandono estatal. La organización denunció la inacción estatal en infraestructura vial y la corrupción institucional, que inciden directamente en la pérdida de oportunidades para la juventud, empujándolos a dinámicas como el narcotráfico.

Desde la Iglesia Cristiana en el territorio, se enfatizó el acompañamiento social en el Naya, buscando la permanencia como una presencia profética y solidaria. Se resaltó el trabajo con jóvenes en proyectos productivos, el acompañamiento pastoral en hogares afectados por la violencia intrafamiliar y la formación espiritual de nuevas generaciones para alejarlas de dinámicas violentas. Un mensaje clave fue que «la paz no se proclama únicamente desde el discurso, sino desde la práctica”.

Las mujeres de La Pedregosa fueron reconocidas como «roquitas», firmes en su liderazgo cotidiano y compromiso con la transformación, a pesar de la discriminación. Su papel es crucial en el sostenimiento de la vida y el tejido social. Además un líder campesino reflexionó sobre la resistencia histórica del campesinado y su confianza en la tierra, visibilizando el Memorial de Santander como un símbolo de resistencia donde se construyen nuevas perspectivas sobre el territorio y la paz a través del arte y la formación.

La Defensoría del Pueblo, por su parte, presentó su Sistema de Alertas Tempranas, que en el Cauca cuenta con 23 alertas activas, muchas en escenarios de consumación de riesgo. Lamentó la «pobre respuesta institucional» y la inacción estatal, a pesar de sus recomendaciones. La Defensoría instó al Estado a garantizar su presencia efectiva en el conflicto y reconoció el valor humano de las visitas pastorales.

Jenny Neme, enviada especial del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), expresó gratitud por escuchar testimonios que «a pesar del dolor, son también signos de esperanza, nacidos de la fe en Dios y en los demás». El CMI reiteró su compromiso de acompañamiento a la Mesa de Diálogos de Paz, reconociendo que los procesos de paz nacen desde los territorios y destacando la importancia de la espiritualidad de paz como un elemento esencial para una paz duradera.

Viviana Machuca, Coordinadora Nacional de DiPaz, cerró la jornada reafirmando la responsabilidad de visibilizar estas realidades a nivel nacional e internacional. Anunció que la carta pastoral del encuentro será compartida con líderes de alto nivel, incluyendo instancias de Naciones Unidas, para seguir tejiendo solidaridad internacional. En su mensaje final, subrayó que «las respuestas no están solo en los programas técnicos, sino en las voces de mujeres, jóvenes y comunidades organizadas que siguen resistiendo y construyendo esperanza».

Compromisos y el futuro de la paz en el Cauca

La jornada sirvió como un espacio donde la comunidad expuso sus desafíos y retos para la paz. Se compartieron conmovedores testimonios sobre el acompañamiento de DiPaz a la comunidad eclesial, demostrando cómo la fe se convierte en un motor de resistencia y esperanza. Las discusiones generaron conclusiones y recomendaciones, así como importantes llamados a la acción. Con esta visita, DiPaz y sus aliados refuerzan su compromiso con la paz territorial, evidenciando que la solidaridad y el diálogo intereclesial e internacional son herramientas vitales para construir un futuro de esperanza en una de las regiones más desafiadas de Colombia.

Redacción por: Danna Robayo, comunicadora para la paz de DiPaz.

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